Wednesday, September 14, 2005

La responsabilidad social de la empresa tiene que entenderse como una inversión de futuro


La responsabilidad social de la empresa tiene que entenderse como una inversión de futuro y no como una mera práctica de relaciones públicas para conseguir una mejor imagen de marca Ana Muñoz*
“La responsabilidad social debe ser asumida por la empresa como una herramienta de gestión, como una medida de prudencia y como exigencia de justicia”, explica Adela Cortina, directora del la Fundación Étnor y catedrática de la Ética y la Filosofía Política de la Universidad de Valencia, en un reciente artículo publicado en el prestigioso periódico español El País. La responsabilidad social de las empresas se ha convertido en un tema de moda. Sin embargo, como Adela Cortina recuerda, “la convicción de que las empresas deberían asumir su responsabilidad social data ya, como tarde, de mediados del siglo pasado”. En 1999 ante el Foro Económico de Davos, el secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, propone a las empresas la creación de un Pacto Mundial con el objetivo de llevar a todos los rincones del planeta los beneficios de la globalización. En la actualidad, son más de 2.000 empresas de 80 países las que se han adherido a este pacto con el firme propósito de ir implantando las recomendaciones de Naciones Unidas: apoyar y respetar la protección de los derechos humanos dentro del ámbito de influencia de la empresa; asegurarse de no ser cómplices en la vulneración de los derechos humanos; apoyar la libertad de afiliación y reconocimiento efectivo del derecho a la negociación colectiva; apoyar la eliminación de toda forma de trabajo forzoso o realizado bajo coacción; apoyar la erradicación del trabajo infantil; apoyar la abolición de las prácticas de discriminación en el empleo y la ocupación; mantener un enfoque preventivo que favorezca el medio ambiente; fomentar las iniciativas que promuevan una mayor responsabilidad ambiental; favorecer el desarrollo y la difusión de las tecnologías respetuosas con la Naturaleza; y trabajar contra la corrupción, la extorsión y el soborno. Frente a este conjunto de medidas de buenas prácticas de las empresas se encuentra el fenómeno de la deslocalización de las multinacionales con sede en países occidentales. Compañías con enormes beneficios se están trasladando a países en desarrollo como Marruecos, Tailandia, China, Honduras... donde la mano de obra es más barata y la legislación laboral, en muchos casos, es inexistente. En estos países los trabajadores no cuentan con sistemas de seguridad social, sus jornadas son de 12, 14 y 16 horas y los salarios son meramente de subsistencia. Las empresas, sin duda, tienen una responsabilidad directa por el impacto de su actividad. Adela Cortina explica que esa responsabilidad no sólo consiste en el aumento de los beneficios para el accionista y habla de la responsabilidad de la empresa con los stakeholders: accionistas, trabajadores, clientes, contexto social, medio ambiente y Administración Pública. “Hay, por tanto, una obligación moral con todos los afectados que una organización justa no puede eludir” “La responsabilidad social no consiste en mera filantropía”, añade. La responsabilidad social de las empresas bien entendida debe llevar consigo una filosofía de actuación que amplíe los beneficios al terreno económico, social y medioambiental. La responsabilidad social no debe ser confundida por los empresarios como una nueva fórmula para conseguir más beneficios. Tiene que ser un plan estratégico basado en la justicia y la ética, y no mero marketing. No puede ser una “especie de limosna que convive tranquilamente con bajos salarios, mala calidad del producto, empleos precarios, incluso con la explotación y la violación de los derechos fundamentales”, denuncia la autora. En este sentido, los consumidores tienen la obligación de desenmascarar a estas empresas que se maquillan con una base de “buena voluntad”. Deben plantearse si este modelo de consumo es sostenible a largo plazo o si generará más desigualdades, más catástrofes, más contaminación... hasta acabar con los recursos del planeta y, por tanto, con la especie humana. También, como explica Ignasi Carreras, ex director general de Intermón Oxfam, “algunos deportistas, si quieren mantener una buena imagen, deberán empezar a reclamar juego limpio a sus patrocinadores”. La máxima de “más flexible, más barato y más rápido” que sirve como modelo a las empresas tiene que ser cambiada por un modelo que sea respetuoso con el contexto social y el medio ambiente en el que se encuentre. La responsabilidad social de la empresa, por tanto, tiene que entenderse como una inversión de futuro y no como una mera práctica de relaciones públicas para conseguir una mejor imagen de marca.
*Periodista. Centro de Colaboraciones Solidarias.

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