Friday, September 16, 2005

El rol social de la empresa


Por Marcelo Lombardi *
La concepción de que la gestión de una empresa tiene como objetivo principal maximizar la rentabilidad para el accionista, ha perdido vigencia y resulta incompleta en virtud de los desafíos que debe enfrentar en la actualidad. A través del flujo permanente de información, que está disponible en los diferentes medios de comunicación, el consumidor tiene a su disposición las herramientas para informarse, comparar y ser crítico. Este consumidor informado y una competencia cada vez más global exige a las empresas un aumento de sus estándares de producción y comercialización y fundamentalmente una mayor profesionalización de su gestión, ya que los espacios para realizar una renta son cada vez más ajustados. Esta gestión profesionalizada demanda no solamente producir bienes o servicios que resulten de utilidad a la comunidad, a un precio que la misma esté dispuesta a pagar, que en el proceso se genere valor y que la empresa capte parte de ese valor, sino también que exista un equilibrio razonable en la distribución del valor que se genera en el proceso entre los diferentes grupos de interés o stakeholders. Dentro de los principales stakeholders que interactúan permanentemente con la empresa se destacan: el Estado, los empleados, los accionistas, la comunidad, los financistas y los proveedores. La rentabilidad de mediano y largo plazo fue considerado el elemento principal para que la empresa fuera sustentable; sin embargo, hemos visto que no alcanza solo con esto. Empresas rentables que no interactuaron en forma saludable con alguno de sus stakeholders vieron desaparecer su negocio. Los stakeholders, dado el interés directo que tienen en la empresa, demandan cada vez mayor información, que sea clara, oportuna y precisa y por supuesto exigen una razonable compensación por su aporte a la generación del valor. En virtud de lo anterior, la empresa está llamada a cumplir el rol de moderador entre los diferentes agentes que integran el entramado social con el que interactúa y a hacerlo con responsabilidad y equilibrio. A su vez, el mundo industrializado toma en la práctica un rumbo cada vez más liberal en el orden económico, de mayor apertura en el intercambio comercial, de mayor apertura al flujo de capitales, de menor intervención estatal y por ende de mayor participación empresaria, independientemente de lo que se exprese en la retórica o de lo que surja de las identificaciones ideológicas de los gobiernos. A este respecto, países europeos sirven de ejemplo, así como un caso paradigmático como China, país que tiene un régimen de gobierno con una identificación ideológica que en nada se acompasa con la realidad de economía promercado que es y con los fuertes avances que viene desarrollando en términos de apertura. Este rumbo cada vez más marcado le asigna a la empresa nuevos desafíos, mayores oportunidades y también mayor cantidad de obligaciones, la empresa pasa a ser el principal agente de cambio y también pasa a desempeñar un protagonismo social relevante como moderadora de ese proceso de cambio. En función de la tendencia registrada en los países que integran el mundo industrializado y también en función del interés propio de asegurar la sustentabilidad del sistema en el largo plazo, el empresariado informado y atento a estos cambios está procesando los mismos y adaptando su Empresa para desempeñar los roles que le tocará cumplir. El crecimiento económico y social sostenido que veremos en las próximas décadas dependerá en parte, de que estos roles sean desempeñados con responsabilidad y respeto por la comunidad en el sentido más amplio.
*Es gerente general de Tres Cruces e integra DERES (http://www.deres.org.uy/, deres@veritas.org.uy)

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